vs. A. Astudillo: 2 a 0

El chivo Aníbal demorado por presunto encubrimiento a Zaniratto y a Bruno.

Caminando hacia el suburbio,
donde quedaba mi casa.
Tal vez cruzando una plaza,
y memorizando algún verso
tuve un instinto perverso
que no se explica con nada
cuando encontré de pasada
un pobre sapo o escuerzo.
La oscuridad se ahuyentaba
y el inmóvil en la hierba
crueldades que uno conserva
muy adentro agazapadas,
por dentro alguien me alentaba,
y es algo que aún no me explico,
porque son cosas de chicos;
“alzalo de una patada”.
Y no contento con eso,
de reventarlo al batracio,
no me le vine despacio,
tomé bastante carrera,
miré que no se moviera
y avanzando a grandes pasos,
le reventé un derechazo.
Una bolea de primera.
Después, no me acuerdo más.
Me envolvió la noche oscura.
Desperté en el hospital
con yeso hasta la cintura.
Y el médico, muy lentamente,
me lo fue explicando entonces:
Aquello no era un batracio,
¡Era una canilla de bronce!

Ah, sí. Los muchachos ganaron porque no se presentó el otro equipo. Perdón por no avisar antes.

Un beso grandísimo, La Redacción.

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